ADIÓS AMIGO CURRO
Qué queda después de tu muerte,
acaso ser por otros vivido,
el daguerrotipo de los recuerdos,
los dorados movimientos de las cervezas
mientras bailabas Twist con letras en francés
sobre la silla de ruedas.
Tus noches de insomnio,
cuando pedías que te hablaran
de los recuerdos, como los cuentos
para dormir a los niños.
La mujer que no podías penetrar
y de cuyo sexo se alimentaba tu boca.
La eterna repetición del accidente,
¡no pude verlo y evitarlo!
¡no pude verlo y evitarlo!
¡Por Dios!, no lo repitas más,
deja ya el mantra.
Cuando te sacaron de la cabina,
y notaste la liviandad de tus piernas,
cual marioneta de quebrados hilos.
Últimamente visitabas la iglesia,
sabías que para el viaje
que habías decidido emprender
no había carta de vuelo,
rumbo, ruta, derrota.
Acaso buscabas en aquel altar,
en el oro del sagrario y el misterioso cáliz,
la hostia que depositada en tu lengua
por las temblorosas manos del hechicero,
te daría algún vector para guiarte
en tu viaje a la nada.
Después, media botella de Ron,
Deprax a puñados,
una caja de Orfidal,
tu enfisema hizo el resto.
Luego, como dijo el poeta:
¡Nadie por fin! ¡El ser perfecto!
Te dejo el Twist que cuando te emborrachabas, bailabas frenéticamente con el cuerpo hacia atrás y la silla a dos ruedas, para acojono de los amigos.
Qué queda después de tu muerte,
acaso ser por otros vivido,
el daguerrotipo de los recuerdos,
los dorados movimientos de las cervezas
mientras bailabas Twist con letras en francés
sobre la silla de ruedas.
Tus noches de insomnio,
cuando pedías que te hablaran
de los recuerdos, como los cuentos
para dormir a los niños.
La mujer que no podías penetrar
y de cuyo sexo se alimentaba tu boca.
La eterna repetición del accidente,
¡no pude verlo y evitarlo!
¡no pude verlo y evitarlo!
¡Por Dios!, no lo repitas más,
deja ya el mantra.
Cuando te sacaron de la cabina,
y notaste la liviandad de tus piernas,
cual marioneta de quebrados hilos.
Últimamente visitabas la iglesia,
sabías que para el viaje
que habías decidido emprender
no había carta de vuelo,
rumbo, ruta, derrota.
Acaso buscabas en aquel altar,
en el oro del sagrario y el misterioso cáliz,
la hostia que depositada en tu lengua
por las temblorosas manos del hechicero,
te daría algún vector para guiarte
en tu viaje a la nada.
Después, media botella de Ron,
Deprax a puñados,
una caja de Orfidal,
tu enfisema hizo el resto.
Luego, como dijo el poeta:
¡Nadie por fin! ¡El ser perfecto!
Te dejo el Twist que cuando te emborrachabas, bailabas frenéticamente con el cuerpo hacia atrás y la silla a dos ruedas, para acojono de los amigos.

7 Comments:
queridisimo aviador... paso hasta hoy por su casa y encuentro letras tristes... espero estes bien. deseo que estes bien por sobre todo.
un fuerte abrazo
Nos dejas con un nudo en la garganta, Aviador. Últimamente va la cosa de pérdidas.
Hermoso y dramático este poema de la vida (que es lo que fue, hasta el último sorbo) donde la muerte solo es un paso más hacia la eternidad.
Le hubiera gustado este homenaje.
Un abrazo.
He leído tu texto y luego he oído en absoluto silencio a Richard Anthony (que siempre me trae una sensación agridulce).
Un fuerte abrazo.
El autor ha eliminado esta entrada.
Tu hijo me buscó y me dijo. Qué chico. Hoy recibo mensaje de Enrique Barrero, poeta, que me envía abrazo para tí. Hemos de vernos. En el hotel Eme, la luz brilla cada noche. Hay luz en la noche. Un punto de luz, un punto de noche, así la vida, así el poema. Un abrazo.
Bueno, bueno, da gusto leer tan bellas palabras, aunque no se me parece a la persona a la que atiendo todos los días, tan alegre , eso si, muy amable. No sé sabe nunca que se lleva por dentro.
Me ha encantado leerte, toda una sorpresa.
Un saludo
Cuando quiero decir a alguien que lo que ha hecho me gusta, siempre temo estar repitiendo ese (permíteme que te plagie) mantra del quedar bien. Sin duda es algo de lo que tendré que curarme uno de esos días, pero tengo tan arraigado este miedo que no sé si voy a conseguirlo. Y es precisamente aquí, en tu página, en donde lo siento con más intensidad. En fin, Aviador, que el doloroso realismo de tu poesía se me ha metido debajo de la piel, y como eres un tío grande, sé que me crees cuando te digo estas cosas.
Saluditos mediterráneos.
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